lunes, 29 de marzo de 2010

Pequeñas Alegrías


Hoy en día vivimos en un mundo netamente vacío y superficial, vivimos en un estado constante de insensibilidad y apatía. Cada quien juzga por su condición, busca una posición social distinguida y es capaz de pasar por encima de quien sea y lo que sea con tal de conseguirlo; todo se basa en dinero, en placer, en poder...

Nos olvidamos del amor, esos pequeños detalles que hacen la diferencia; nos olvidamos de vivir, de soñar, pero ante todo de la alegría.
Yo no dispongo de una receta universal, como no dispone nadie, contra esta situación. Pero tengo muy claro lo siguiente: el disfrute moderado es doble disfrute y nunca dejes a un lado las pequeñas alegrías.
Entre estas alegrías están en primer lugar las provenientes de nuestro contacto diario con la naturaleza. Especialmente nuestros ojos, tan maltratados, tan sobrecargados, que pueden llegar a ser fuente inexhausta de delicias. Un trozo de cielo, un hermoso jardín, un brioso caballo, un perro... son espectáculos que no debemos dejar pasar por alto. Todas las cosas poseen una faceta bella, aún las cosas feas o desprovistas de interés; sólo hace falta saber mirar.

Compartir momentos, por breves que sean, con una persona especial; apreciar un bello rostro sonriente, disfrutar de momentos en familia.

Sé que cada quien tiene su manera de ver la vida, pero no por eso debemos hundirnos día a día en la monotonía y en la insensibilidad.

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